Friday, September 9, 2016

BIKE, BLOODY BIKE

"La sincronicidad entre el ciclo femenino y el de la luna también revelaba la conexión entra la mujer y lo divino: durante su ciclo la mujer albergaba el misterio de la vida dentro de su cuerpo y podía generar vida y asegurar el futuro de su pueblo, lo que equivale a decir que cada mujer poseía los poderes propios del universo: dar la vida, sustentar y crear".


MIRANDA GRAY. Luna Roja, pág. 56.


En estos meses de viaje con El Sur Bici-ble he compartido con cientos de mujeres en diferentes pueblos, ciudades y países. Madres, hijas, hermanas, viudas, esposas, novias, mujeres solas o acompañadas, amigas, sobrinas, niñas, adultas, jóvenes, lesbianas, heterosexuales, bisexuales, feministas, no feministas… Larga la lista. He aprendido de sus vidas, sus luchas, sus grietas, sus defensas, sus sueños y sus conquistas. Escuchar y conectarnos entre mujeres es quizás un gesto propio de la sororidad, palabra clave cuando se trata de juntarnos y apoyarnos las unas a las otras. Conocerlas también-para-conocerme, saber sobre sus dudas a la hora de subirse a una bici, o de viajar en una, o las razones por las cuales una chica nunca ha pedaleado, me permite profundizar en la relación que tenemos con la bicicleta y la manera como hemos conquistando nuestro cuerpo y el territorio, subidas en una.

Percepciones de inseguridad, experiencias de acoso callejero, temor de “marcar” el cuerpo con heridas y cicatrices, prejuicios sociales como creer que sudar es “ensuciarse” o que usar el casco “despeina”, miedos propios e infundados, traumas de accidentes en la infancia, abstención, son solo pocas de las razones para no usar la bici. Y hay otra razón: la menstruación, que socialmente sigue siendo un tabú, un tema con restricciones sociales, oculto, de amplio desconocimiento y muchos prejuicios.

En las intervenciones que organizo con colectivos pro-bici y tiendas de Specialized por donde hemos pasado Arielita y yo, siempre surge la pregunta: Andrea, y ¿cómo haces cuando te baja la regla? Fácil: vivo tranquilamente mis ciclos femeninos. En “esos días”, sangro, pedaleo, acampo, me alimento igual y uso la copa menstrual, en vez de toallas o tampones. Incluso, cuando he tenido compañeros de viaje, hablo con naturalidad sobre esto y no lo oculto, como si se tratara de un fenómeno que me convierte, por algunos días, en una “enferma”. ¿Cuántas veces no le escuché a las mujeres de mi casa, a algunos exnovios, referirse al periodo como “estar mala”? Muchas. Y no, no es malo menstruar. Ni es una enfermedad. Ni es sucio. Es un proceso natural propio de nuestra condición femenina, que es cíclica, que no compete solamente a los días de sangrado y que se conecta también con los ritmos naturales del universo.



Esta publicación no pretende ser un largo discurso sobre la menstruación. Hablar, leer y conocer al respecto responde a una iniciativa de cada mujer, con el objetivo de conocerse a sí misma y es, ante todo, una decisión personal. Literatura al respecto, hay suficiente. En mi caso, también he tenido que recorrer un largo camino para conocerla, aceptarla y amarla, camino que me ha llevado a conocerme, aceptarme y amarme. Así que solo enfatizaré en la experiencia de menstruar mientras viajo en bicicleta y, particularmente, en los beneficios del uso de la copa menstrual.

En el viaje, no ha sido un impedimento estar en “esos días”, y menos creo que debo quedarme quieta, o no bañarme, o bañarme tres veces al día, o no levantarme de la cama o de mi bolsa para dormir y que ojalá nadie me hable. No. Transcurre la vida con la misma naturalidad como baja la regla. Incluso, creo que el día que pedaleé 135,27 kms, de Amaicha a Cafayate al norte de Argentina, hace poco, estaba en mi segundo día de menstruación. Tampoco quiero decir que no pasa nada. Pasa y pasa bastante. Cada mujer sabe y reconoce qué se transforma, qué sueña, qué luna le corresponde, qué gana y, por qué no, qué pierde en “esos días”.



En los primeros dos meses, la regla llegó puntual. Pero, al tercer y cuarto mes, todo empezó a desajustarse. Mi ciclo menstrual se afectó, quizás, por mis angustias existenciales: ¿de dónde voy a sacar el dinero para seguir? ¿terminaré el viaje? ¡me siento sola! ¡extraño a mis gatas! ¡esto es difícil! ¡cuánta belleza en el mundo! ¡extraño el olor de su barba!, etc. Se demoraba en llegar, y eso me angustiaba aún mas. Sin embargo, empecé a creer que mi cuerpo también empezaba a acostumbrarse a una nueva rutina, la rutina del viaje, y confíe en esa sabiduría. Así, al quinto mes, el ciclo se reguló, con pequeños desajustes, algunas veces, de uno o dos días. Pero todo bajo control.

LA COPA MENSTRUAL, UNA ALTERNATIVA ECOLÓGICA Y ECONÓMICA

 Foto tomada por Nicolas Reyes-Amaya. Copa menstrual Maggacup. El Sur Bici-ble, 2016.

Al principio, fue difícil acostumbrarme a usar la copa menstrual, viajando en bicicleta. Hoy, para mi, como la bici, es también un instrumento de poder. La había usado siendo ciclista urbana, en unos minutos de trayecto, pero no en horas de pedaleo. Así que, como todo, toma tiempo acostumbrarse. Usarla también responde a un compromiso con la tierra: no genero basura y, al sembrar mi menstruación, también abono la tierra que me sostiene. –Andrea, has dicho, ¿sembrar la menstruación? Sí. Sembrando mi sangre agradezco a la tierra su alimento, su siembra y su cosecha, su abundancia y generosidad. Cuando siembro, entonces, decreto que también germine la energía creadora y sanadora dentro de mí. Es sangre de vida, no de guerra. Es un simple ritual de amor. Muy poderoso. Y la copa menstrual me permite recoger mi ofrenda.

Así, al usar la copa también evito desechar tanta basura. Las toallas higiénicas contaminan el planeta y, por su composición, son tóxicas para el cuerpo. Si hacemos cuentas, una mujer tiene entre 12 y 13 menstruaciones al año. De 4 o 6 días. Si usa toallas, desecha diariamente entre 3 y 5 toallas, o tampones. Eso multiplicado por 4, multiplicado por 12. Eso multiplicado por los años entre la menarca y antes de la menopausia. Eso multiplicado por el número de mujeres menstruantes en el mundo. A eso sumen bolsitas, empaques, aplicadores… materiales que tardan mas de 200 años en biodegradarse. Toneladas y toneladas de basura contaminante regados en el planeta. La copa menstrual se convierte entonces en un aliado de la naturaleza. Con una sola copa, una mujer puede recoger su sangre durante 5 a 10 años. A todas luces, resulta mejor.

Ahora, a todos esos números del párrafo anterior, sumen y multipliquen también el valor de cada cosa y, descubrirán, que el uso de la copa menstrual también beneficia el bolsillo, tal cual sucede con la bici, que no necesita inversiones en combustible, ni impuestos, y su mantenimiento es bastante económico. Entonces, ¿por qué no usarla?

UNIÓN DE FUERZAS FEMENINAS: MAGGACUP Y MUJERES BICI-BLES EN ARGENTINA

Como he mencionado a lo largo de esta publicación, una herramienta útil para los días de menstruación y pedaleo es la copa menstrual, conocida también como moon cup., o copa de luna. Y, Argentina, cuenta con su propia marca: Maggacup.

Con todo esto, fue como llegué a conversar con las chicas de Maggacup, con el fin de buscar alianzas entre nuestros proyectos. Maggacup es una copa menstrual reutilizable, 100% hipoalérgica y atóxica, de uso diario, cómoda y práctica, con un alto beneficio ecológico: para su fabricación no se talan ni bosques ni selvas nativas. Además, por cada Maggacup que se vende, la empresa social Cíclica, dona a la ONG Banco de Bosques un porcentaje equivalente a 1 m2 de selva nativa para conservar los bosques a perpetuidad. Y, contando además con el beneficio económico que, al ser la Maggacup reutilizable, se trata de una inversión cada 10 años, para su uso, y un ahorro de dinero importante.

Recibí una copa como donación para mi proyecto de viaje, me convertí en mensajera y embajadora de la marca y, para las chicas que se vinculen con cada grupo de Mujeres Bici-bles, en Argentina, cada una recibe un 15% de descuento en la compra de su copa menstrual Maggacup. Este convenio nos ayuda, a ellas y a mí, seguir ampliando el uso de dos objetos socialmente poderosos: la bicicleta como medio de transporte y la copa menstrual, como alternativa de autoconocimiento y salud.

¿Cómo usar una Maggacup? Es muy fácil. Se coloca en la vagina en los días de la menstruación para recolectar la sangre. Puede recolectar hasta 12 horas sin que su capacidad de recepción se vea desbordada. Y se vacía a diario, según la cantidad de flujo. Al finalizar el periodo, se esteriliza y se guarda en su bolsa, hasta el siguiente mes.



Maggacup y Mujeres Bici-bles, invitamos a todas las mujeres a vivir su menstruación de manera amorosa y saludable, en sintonía con la naturaleza y con los ritmos de sus lunas.

Sunday, August 21, 2016

LA RUEDA - G.K. CHESTERTON

En una silenciosa y rústica –aunque muy conocida- iglesia del vecindario hay una vidriera que supuestamente representa un ángel en bicicleta. Sin duda representa un joven desnudo sobre una rueda; pero la rueda y la santidad (supongo) del joven están lo bastante elaboradas para explicar esa descripción. Tiene un florido perfil renacentista, y forma parte del periodo pagano que introdujo todo tipo de objetos en la ornamentación: personalmente me resulta más fácil creen en la bicicleta que en el ángel. Se dice que ahora el hombre imita a los ángeles; será en los aeroplanos, porque no se me ocurre ninguna otra cosa. Así que tal vez el ángel de la bicicleta (si se trata de un ángel y de una bicicleta) se vengue imitando al hombre. En tal caso, ha demostrado ese elevado intelecto que se atribuye a los ángeles en los libros medievales, aunque no siempre (tal vez) en las imágenes medievales. 
Y es que las ruedas son la marca del hombre como las alas lo son del ángel. La rueda es tan antigua como la humanidad, y sin embargo es exclusiva del hombre, en el sentido de que es prehistórica, pero no prehumana. 
Un distinguido psicólogo, que conoce bien la fisiología, me ha asegurado que hay partes del cuerpo que sin duda son palancas, y otras que probablemente sean poleas, pero que, después de palparse con suma atención, no ha encontrado ninguna rueda. La rueda, como forma de movimiento, es un invento puramente humano. En el antiguo escudo de armas de Adán (que, como la mayor parte de su atuendo, aún no ha sido descubierto), el emblema heráldico era una rueda… passant. Ya digo que, como forma de progreso, es única. Muchos filósofos modernos, como el amigo que he citado antes, están dispuestos a encontrar vínculos entre el hombre y los animales, y a demostrar que el hombre ha sido en todo el esclavo ciego de la madre tierra. Otros, a diferencia de los anteriores, incluso están dispuestos a mostrarlos; sobre todo si sirven para desacreditar a la religión. Pero hasta los científicos más entusiastas han reconocido en mi presencia que les sorprendería ver una vaca con cuatro ruedas. Las fantásticas familias de la tierra corren a nuestro encuentro y se arremolinan en torno a nosotros con alas, aletas, garras, cascos, telarañas y pezuñas, aletean, susurran, galopan, trotan y pisotean, pero nada de ruedas. 
Creo recordar vagamente, si es que recuerdo algo, que en algunas de esas oscuras y proféticas páginas de las Escrituras que parecen de nuboso púrpura y oro crepuscular hay un pasaje en el que el augur sueña violentamente con ruedas. Tal vez fuese la declaración simbólica espiritual del hombre. Hagan lo que hagan los pájaros en el cielo o los peces debajo de su nave, el hombre es quien está al timón, el único que puede estarlo. Puede intentar que los pájaros sean sus amigos; puede convertir a los peces en sus dioses, si así lo quiere. Pero no creerá en un pájaro en lo alto de un mástil, y es uy improbable que tolere siquiera un pez en el timón. Es, como dice Swinburne, timones y capitán: es literalmente, el Hombre a la rueda del Timón. 
La rueda es un animal que siempre está cabeza abajo, sólo que “se mueve tan deprisa que ningún filósofo ha descubierto dónde tiene la cabeza”. O, si se puede formular la frase de manera más exacta, es un animal que siempre está patas arriba y que avanza de acuerdo con ese principio. Algunos peces, creo, se ponen patas arriba (suponiendo, en pro del argumento, que tuviesen patas); tengo un perro que casi lo consigue, y una vez yo mismo lo hice cuando era muy pequeño. Fue un accidente, y como diría el señor De Morgan, el delicioso novelista, no podría volver a ocurrir. Desde entonces nadie me ha acusado de estar patas arriba, como no sea mentalmente, y creo que incluso eso tiene algo de bueno, sobre todo tal como lo ejemplifica el símbolo giratorio. Una rueda es una paradoja sublime: una parte de ella va siempre hacia delante y la otra va siempre hacia atrás. Y en eso se parece mucho a la condición humana y a cualquier estado político. Cualquier alma cuerda mira al mismo tiempo hacia atrás y hacia delante, e incluso retrocede para avanzar. 
Para quienes estén interesados en la rebeldía (como me ocurre a mí), diré sólo humildemente que no puede haber una revolución sin revueltas. La rueda, al ser tan lógica, se refiere tanto a lo que hay detrás como a lo que hay delante. Tiene (igual que debería tenerlo cualquier sociedad) una parte que salta continuamente hacia el cielo y una parte que inclina la cabeza hacia el polvo. ¿Por qué iba la gente a desdeñar así a los que estamos cabeza abajo? Inclinar la cabeza hacia el polvo está muy bien y es el humilde principio de toda felicidad. Después de inclinar la cabeza hacia el polvo un instante llega la felicidad; y luego dejamos la cabeza en esa humilde y reverente posición y alzamos los pies. He ahí el verdadero origen de estar cabeza abajo; y la defensa definitiva de la paradoja. La rueda se humilla para exaltarse, solo que lo hace un poco más deprisa que yo.

Foto: Rueda de Arielita. Salar de los Lipez. Bolivia. El Sur Bici-ble, 2016.

El “cuidado” que falta en el debate de las fotomultas

Colombia volvió a discutir sobre las fotomultas. El 23 de agosto, el Ministerio de Transporte anunció una revisión integral de los sistemas ...