Monday, May 16, 2016

PRIMER MES #ElSurBicible

El 30 de febrero cumplí el primer mes de El Sur Bici-ble. De esos 30 días, destaco:

Foto: Andrea María Navarrete - Cañón del Chicamocha, 2016.

- Que pegaditos a mi bici van uds. Cae bien leerlos, escucharlos, saberlos tan cerca al corazón. Gracias por acompañarme.
- Que el tinto y el agua hervida con leña saben a campo. Muy rico.
- Que hay viajeros de viajeros. Cada quien con su ritmo, su pulso, su forma, su lenguaje. Comprenderlo y tener visión al respecto, es sabio.
- Que me faltan tres cosas: un pantalón impermeable, combustible para mi fogoncito y una parrilla delantera (sin alforjas).
- Que escuchar tus mensajes de voz y leerte, de cuando en cuando, me acercan a ti. Te llevo amorosamente.
- Que, si lo decido, puedo conocer el mundo entero en bicicleta.
- Que soy yo quien pone el ritmo de mi pedaleo. No hay velocidad que supere la decisión de andar sin afanes, sin "tempo".
- Que a veces opinar es fácil, pero dejar todo atrás y subirse a una bici para andar requiere de valentía. Aprendo a discernir.
- Que en cada palabra amorosa, yo vibro.
- Que para sanar ayuda encender el humo sagrado.
- Que las sales también curan.
- Que de atún, pan, maní y agua se puede vivir. Pero hay que mejorar la dieta.
- Que es mejor parar cuando el cuerpo va cansado. Que es mejor moverse cuando un pensamiento insiste. Que es mejor, cuando el alma sufre, observar la mente. Entender. Si es preciso, llorar. O gritar. Observar. Aprender a reconocerse y conocerse.
- Que en cada km que avanzo, algo de mi queda atrás. Eso me gusta.
- Que me inspiran las ballenas y las historias de viaje.
- Que, aunque no me entero seguido como va el mundo ni que día es hoy, vivo mas que nunca el aquí y el ahora.
- Que también es sensual un cuerpo con bronceado de ciclista. Y mas sexy, ser llevada por unas piernas decididas.
- Que quiero mar. Como las ballenas. Y aquí insisto que te quiero.
- Que se puede vivir sin...
- Que hay temas que ya no me ocupan. Por ej., creer que ciertas cosas son o deben ser mías. Solo tengo los caminos.
- Que hay bondad en la gente.
- Que hay gente de corazón bueno.
- Que mis emociones suben y bajan, como la bici en las montañas. Las cuestas, fortalecen. Los descensos, divierten y refrescan. No hay que resistirse a sentir. Sigo trabajando en ello.
- Que también es lindo ver llover.
- Qué un cielo constelado me transporta. Me lleva a ti.
- Que los bomberos son una comunidad de gente bonita.
- Que a veces duele. Otras veces no.

- Que me alegra mucho la decisión de emprender este viaje. En gratitud con la vida...

Foto: Andrea María Navarrete - Ráquira, 2016

Sunday, May 15, 2016

LA HISTORIA DE UN AVISTAMIENTO Y DE CÓMO DECIDÍ EMPRENDER UN VIAJE EN BICI AL SUR


En agosto de 2015, para recibir mis 33 años, hice uno de los viajes más importantes y reveladores de mi vida. Visité Chocó. Más exactamente, fui a Nuquí, más exactamente visité algunos corregimientos de Nuquí, pasando por Joví, Guachalito, Jorobirá, Utría, entre otros lugares maravillosos. Fui en compañía de un chico, un viajero y de otras dos mujeres, las tres con nuestras búsquedas, las tres en tránsito, las tres encontrándonos por primera vez.

En Nuquí no solo descubrí un lado del país donde los turistas no han llegado a dañarlo todo. También estuve, por primera vez, en un avistamiento de ballenas. Ellas, viajeras por excelencia, vienen del sur a tener sus crías en aguas del pacífico colombiano. Verlas en familia con sus ballenatos, enseñándoles sobre la vida oceánica, bailando en el agua, asomando su cabeza, sus aletas, su dorso, golpeando con la cola para sumergirse más profundo y, ese sorpresivo salto de una ballena frente a nuestros ojos, fue una lección de vida. Este espectáculo ocurre de agosto a octubre de cada año. Luego, de regreso al lejano Sur. La historia de un tránsito continental.

Foto: Andrea María Navarrete - Nuquí, 2015.

Como mencioné atrás, en aquel viaje también estaba en una búsqueda. No sabía exactamente qué buscaba. Pero buscaba. Durante siete días caminé, nadé, comí delicioso, paseé, navegué en lanchita, fui por el río, fui por el mar, reivindiqué el amor libre, me dejé llevar por el poder de lo elemental: agua, fuego, tierra, aire, naturaleza, mis lunas, el cosmos... Fueron días de charlas, de sororidad, de fraternidad, de exploración, de vuelta al centro, del encuentro con la fuerza elemental y sagrada: el mar, la selva, los ríos, el cielo, lo humano. Encontré lo que buscaba. Una sola verdad: la vida puede ser más sencilla.

No solo fue la revelación de la liviandad de las ballenas en su viaje -ellas-solo-van; también es la liviandad en la vida misma. Debía dejarlo todo y viajar, emprender un tránsito de desapego y de aventura. Tenía que empezar a sacar, una a una, las espinas del corazón. Abandonar los conflictos de la vida y las quejas que me provocaron la academia, el biciactivismo y la docencia.

Foto: Andrea María Navarrete - Bogotá, 2016

Era el momento de reconocer la suma de todos mis errores, observar con atención, reconocer, de frente, mi historia y remendar cada quiebre, cada rasgadura, cada herida. Soltar lo que no necesito para ganar algo más de fondo. Vender mis cosas. Renunciar a los trabajos que se convirtieron en parte de una rutina, de un estatismo vacío. Acercar a mis felinas a su nuevo hogar. Alistar mi bici, Arielita. Preparar mi equipo. Y pedalear.

Foto: Jaime Moreno - Bucaramanga, 2015.


En un trayecto inverso al de las ballenas que vienen de sur a norte, desde el 30 de enero, mis rutas van al sur. En un avistamiento encontré un camino de reconciliación. En Arielita, llevo mi casa a cuestas y voy libre por El Sur Bici-ble.

Foto: Andrea María Navarrete - Amazonía Ecuatoriana, 2016.

El “cuidado” que falta en el debate de las fotomultas

Colombia volvió a discutir sobre las fotomultas. El 23 de agosto, el Ministerio de Transporte anunció una revisión integral de los sistemas ...