Wednesday, October 28, 2026

Más motos, más muertes y más cuidados invisibles

Alejandro Gaviria y Carolina Soto publicaron Más motos, más muertes: cuatro décadas de mortalidad vial en Colombia, una investigación que documenta una transformación preocupante de la seguridad vial en el país y me da la oportunidad para insistir en la necesidad de estudiar las consecuencias de los siniestros viales sobre los cuidados. En 2025 fallecieron 5.652 motociclistas, quienes representaron el 63% de las víctimas mortales de siniestros viales. Entre 2021 y 2025, el 85% de los motociclistas fallecidos fueron hombres y, por diferencia, aproximadamente el 15% fueron mujeres (Gaviria & Soto, 2026). Las cifras son contundentes y exigen respuestas urgentes. Pero también invitan a preguntarnos qué ocurre con quienes sobreviven a un siniestro y necesitan cuidados, quién asume esas responsabilidades y qué consecuencias tienen sobre el tiempo, los ingresos y la vida cotidiana de quienes cuidan, cuestionamientos que rara vez ocupan un lugar central en las políticas de transporte.

 

Para comprender la dimensión del problema es necesario reconocer que la expansión de las motocicletas no responde únicamente a decisiones individuales. Hace más de una década, una investigación de CAF realizada en cinco ciudades latinoamericanas identificó entre sus principales determinantes las deficiencias del transporte público, los menores costos de adquisición y las oportunidades económicas asociadas con su utilización (Rodríguez et al., 2015). La motocicleta puede facilitar el acceso al empleo, reducir tiempos de desplazamiento y resolver necesidades cotidianas en territorios con alternativas limitadas. Sin embargo, también implica riesgos importantes para la seguridad vial. Esta tensión obliga a pensar simultáneamente en las condiciones de accesibilidad que explican su utilización y en las consecuencias sociales de los siniestros viales.

 

La perspectiva de género permite identificar otras contradicciones. Un estudio realizado en Bogotá encontró que cuatro de cada diez personas que reportaron la motocicleta como su principal medio de transporte eran mujeres. Entre ellas, el 35% señaló que la utilizaba porque la consideraba más segura, frente al 4% de los hombres. El estudio relaciona esta percepción con las experiencias de acoso y violencia basada en género en el transporte público (Sensata UX Research, 2024). Sin embargo, esa búsqueda de seguridad convive con otros riesgos. Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial (2024), entre 2015 y 2022, el 42,8% de las mujeres fallecidas en siniestros viales eran usuarias de motocicleta y, de ellas, el 64,3% viajaba como pasajera. Estas cifras revelan que, para algunas mujeres, evitar determinadas formas de violencia puede significar exponerse a otros riesgos, mientras que muchas de las que fallecen como pasajeras no tienen el control directo del vehículo. La discusión, entonces, no puede limitarse a las decisiones individuales, sino que debe examinar las condiciones que restringen las alternativas de movilidad y distribuyen desigualmente los riesgos.

 

Pero hay otra dimensión de la siniestralidad que permanece menos visible y es la generación de nuevas necesidades de cuidado. En una investigación publicada en 2024, María Castillo Valencia y Diana Marcela Jiménez Restrepo analizaron la relación entre los siniestros viales y la vulnerabilidad frente al incremento del trabajo de cuidado no remunerado en los hogares de Cali. Las autoras construyeron un índice que considera características individuales y familiares, incluida la presencia de personas usuarias de motocicleta, y encontraron que las mujeres presentan mayor vulnerabilidad que los hombres ante la eventualidad de un siniestro que afecte a algún integrante del hogar (Castillo Valencia & Jiménez Restrepo, 2024). Es importante precisar que el índice estima vulnerabilidad, no las horas de cuidado efectivamente dedicadas después de un siniestro.

 

El hallazgo permite ampliar nuestra comprensión de los costos de la inseguridad vial. Una lesión puede generar necesidades de acompañamiento, asistencia durante la recuperación y apoyo para realizar actividades cotidianas. Cuando estas responsabilidades recaen sobre personas del hogar, pueden implicar una reorganización del tiempo y afectar sus posibilidades de participar en el trabajo remunerado. Desde la economía feminista, el problema adquiere especial relevancia porque el cuidado no remunerado ya se distribuye de manera desigual entre hombres y mujeres. El siniestro no necesariamente produce esa desigualdad, pero puede profundizarla.

 

Aquí aparece una discusión sobre las externalidades que merece mayor atención. El estudio de CAF reconoce los costos sociales asociados con el uso de motocicletas, particularmente en materia de contaminación y siniestralidad (Rodríguez et al., 2015). Pero las consecuencias de un siniestro pueden extenderse más allá de las víctimas directas. El tiempo adicional de cuidado, las posibles pérdidas de ingresos y las responsabilidades asumidas por terceros forman parte de sus efectos sociales, aunque no siempre sean identificados o valorados explícitamente. No todos estos costos constituyen automáticamente externalidades en sentido económico estricto, pero su distribución plantea una pregunta fundamental: ¿quién termina asumiendo las consecuencias de un riesgo que no necesariamente decidió correr?

 

La movilidad del cuidado permite incorporar otra dimensión. En 2009, Inés Sánchez de Madariaga acuñó este concepto para visibilizar los desplazamientos relacionados con el trabajo de cuidado y el mantenimiento de los hogares, históricamente subrepresentados en las estadísticas y la planificación del transporte (Sánchez de Madariaga, 2009). Ya varia veces he escrito al respecto en este blog. Y, desde América Latina, Jirón et al. (2022) profundizan en la dimensión espacial y relacional de los cuidados, destacando cómo estos se sostienen mediante prácticas cotidianas de movilidad e interdependencia. En Bogotá, la Encuesta de Movilidad 2023 incorporó expresamente los viajes de cuidado en su caracterización de la movilidad cotidiana (Secretaría Distrital de Movilidad, 2023). Estos avances permiten cuestionar una planificación que todavía tiene dificultades para reconocer todas las necesidades de desplazamiento asociadas con el sostenimiento de la vida.

 

Desde esta perspectiva, es posible conectar dos momentos. Antes del siniestro, necesitamos comprender qué necesidades de movilidad resuelven los hogares mediante las motocicletas y cómo influyen las condiciones de accesibilidad en esa elección. Después, resulta pertinente examinar los desplazamientos que pueden surgir para acompañar tratamientos, acceder a servicios médicos o atender a quienes requieren asistencia. Los estudios revisados no cuantifican estos viajes asociados con el cuidado posterior a los siniestros, pero proporcionan elementos para plantear nuevas preguntas de investigación.

 

La dimensión de género tampoco puede reducirse al sexo de las víctimas mortales. Que los hombres concentren la mayoría de las muertes de motociclistas es fundamental para orientar las políticas de prevención. Pero comprender las desigualdades de género exige observar también cómo se distribuyen las consecuencias de los siniestros entre los integrantes de los hogares. Esto no significa asumir que las mujeres deben cuidar, sino cuestionar por qué las responsabilidades de cuidado continúan recayendo desproporcionadamente sobre ellas y qué papel corresponde a las instituciones para transformar esa distribución.

 

Gaviria y Soto (2026) proponen fortalecer la rendición de cuentas de las autoridades territoriales, mejorar las condiciones de seguridad de los motociclistas y gestionar los riesgos asociados con su utilización. Son medidas necesarias. Sin embargo, incorporar el cuidado permitiría ampliar el alcance de las políticas públicas, no solamente para prevenir muertes y lesiones, sino también reconocer las necesidades de atención, rehabilitación y apoyo que pueden surgir después de los siniestros. Para ello necesitamos información que permita relacionar lesiones, discapacidad, composición de los hogares, uso del tiempo y condiciones de movilidad.

 

Las investigaciones revisadas, leídas conjuntamente, muestran que la seguridad vial no puede separarse de las condiciones de accesibilidad ni de las desigualdades sociales que atraviesan los hogares. Los estudios sobre movilidad del cuidado permiten ampliar todavía más esa mirada, incorporando las relaciones de interdependencia y las condiciones territoriales bajo las cuales se sostiene la vida cotidiana.

 

Si queremos comprender los costos sociales de la inseguridad vial, no basta con contar a quienes mueren o resultan lesionados. También necesitamos mirar a quienes cuidan. Porque detrás de una persona que requiere asistencia puede haber otras cuya vida cotidiana se transforma, cuyo tiempo se reorganiza y cuyas oportunidades se reducen. Mientras esas consecuencias permanezcan fuera de nuestras mediciones y decisiones, seguiremos viendo solamente una parte del problema.



Referencias

·      Agencia Nacional de Seguridad Vial. (2024). Siniestralidad vial de mujeres en Colombia: Un análisis con enfoque de género.

·      Castillo Valencia, M., & Jiménez Restrepo, D. M. (2024). Propuesta de un Índice de vulnerabilidad del cuidado no remunerado (IVC) y su relación con la siniestralidad vial en Cali. Precedente Revista Jurídica, 25, 43–75. https://doi.org/10.18046/prec.v25.6851

·      Gaviria, A., & Soto, C. (2026). Más motos, más muertes: cuatro décadas de mortalidad vial en Colombia (Paper No. 6). Fundación Colombia Tiene Futuro. https://colombiatienefuturo.com/wp-content/uploads/2026/10/Paper-No.6-Mas-motos-mas-muertes.pdf

·      Jirón Martínez, P. A., Solar-Ortega, M. I., Rubio Rubio, M. D., Cortés Morales, S. R., Cid Aguayo, B. E., & Carrasco Montagna, J. A. (2022). La espacialización de los cuidados. Entretejiendo relaciones de cuidado a través de la movilidad. Revista INVI, 37(104), 199–229. https://doi.org/10.5354/0718-8358.2022.65647

·      Rodríguez, D. A., Santana, M., & Pardo, C. F. (2015). La motocicleta en América Latina: Caracterización de su uso e impactos en la movilidad en cinco ciudades de la región. CAF – Banco de Desarrollo de América Latina.

·      Sánchez-de Madariaga, I., & Zucchini, E. (2020). “Movilidad del cuidado” en Madrid: nuevos criterios para las políticas de transporte. Ciudad y Territorio Estudios Territoriales, 52(203), 89–102. https://doi.org/10.37230/CyTET.2020.203.08

·      Secretaría Distrital de Movilidad. (2023). Encuesta de movilidad Bogotá-Región 2023. Alcaldía Mayor de Bogotá.

·      Sensata UX Research. (2024). Caracterización de los patrones de movilidad en Bogotá con enfoque de género e interseccional. CAF y Secretaría Distrital de Movilidad.

 

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